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La nueva comunicación en sostenibilidad: de los discursos a las acciones

Ilustración conceptual de una lavadora con el planeta Tierra en su interior junto a un megáfono, representando el concepto de greenwashing en la comunicación.

La comunicación de la sostenibilidad ha cambiado mucho en los últimos años. Si antes se apoyaba sobre todo en grandes declaraciones de intenciones, hoy se construye a partir de acciones concretas, datos verificables y una narrativa mucho más transparente: qué se ha hecho, qué ha cambiado y qué resultados ha tenido.

Ya no basta con decir que una empresa está comprometida con el planeta, con las personas o con un modelo de negocio más responsable. Ahora hace falta demostrarlo, explicarlo con claridad y, sobre todo, hacerlo creíble.

El fin del discurso vacío

Las empresas se enfrentan hoy a un doble reto: comunicar bien su compromiso con la sostenibilidad y evitar que ese mensaje se perciba como greenwashing o purpose washing. En un contexto en el que clientes, inversores, equipos internos y otros públicos son cada vez más exigentes, los mensajes vacíos pierden valor muy rápido.

El problema ya no es solo regulatorio, sino de confianza. Si una compañía habla de sostenibilidad sin mostrar hechos concretos, el mensaje se debilita y puede volverse incluso contraproducente. Por eso, la comunicación más eficaz es la que parte de una realidad medible y la traduce en un relato claro.

No es lo mismo decir:

“Hemos optimizado nuestros procesos para reducir el impacto ambiental.”

Que explicar:

“Hemos sustituido el sistema de refrigeración en nuestra planta principal, lo que ha permitido reducir el consumo energético un 18% y evitar la emisión de 120 toneladas de CO₂ al año.”

La diferencia está en que el segundo mensaje no solo afirma, sino que concreta qué se ha hecho, qué ha cambiado y qué impacto ha tenido.

Dos personas con guantes de trabajo blancos chocando las manos en un entorno natural arbolado, simbolizando la colaboración y ejecución de acciones sostenibles concretas.
La comunicación efectiva de la sostenibilidad se basa en la colaboración y el cumplimiento de acciones concretas verificables.

Cómo comunicar sostenibilidad hoy

Muchas comunicaciones siguen fallando porque se construyen desde el discurso en lugar de las acciones. Comunicar sostenibilidad hoy implica tres ideas muy sencillas:

  1. Explicar acciones concretas
  2. Medir su impacto y contextualizarlas de forma clara
  3. Hacerlo comprensible para cualquier público

Parece obvio, pero no siempre es fácil. Muchas veces los datos están, pero no terminan de contar nada por sí solos. Por eso es tan importante traducir indicadores complejos en mensajes que se puedan leer rápido y entender sin esfuerzo. Hablamos de mensajes como estos:

  • “Consumimos un 12% menos de energía por unidad producida respecto a 2022.”
  • “El 72% de los residuos generados en producción se reutilizan internamente. El objetivo es alcanzar el 85% en los próximos 2 años.”
  • “El 64% de nuestros proveedores estratégicos han sido evaluados con criterios ESG. En 2028 implementaremos auditorías en el 100% de ellos.”

Son frases sencillas, pero funcionan porque dicen algo concreto y permiten ver una evolución real.

Dos ejemplares impresos del Informe de Sostenibilidad 2024 de IFEMA Madrid, con diseño gráfico técnico sobre responsabilidad, talento, avance y compromiso corporativo.
Ejemplo de informe de sostenibilidad donde el diseño técnico y la estructura facilitan la comprensión de métricas de impacto.

Contenidos y diseño para llegar a todos los públicos

Otro cambio importante tiene que ver con la forma de presentar estos contenidos. Los informes y mensajes de sostenibilidad ya no se leen solo en entornos técnicos o institucionales. También los consultan equipos internos, clientes, partners o incluso medios de comunicación. 

Por eso, la comunicación debe ser rigurosa y a la vez comprensible para todos estos públicos y con una traducción en el lenguaje visual, alejado de lo simbólico y más explicativo.

¿Qué significa en la práctica?

1. Usar gráficos o infografías se vuelve un must:

Aquí el diseño y la estructura juegan un papel fundamental. La infografía, por ejemplo, ha dejado de ser un recurso visual a ser una herramienta de explicación. Ya no está para decorar, sino para ayudar a entender mejor la información. 

  • Las principales métricas de impacto
  • La evolución en el tiempo
  • La comparación entre objetivos y resultados
  • El progreso respecto a años anteriores

Además, en entornos digitales pueden aportar aún más valor si permiten filtrar por país, unidad de negocio o indicador, o si ofrecen información adicional al pasar el cursor. Eso hace que el contenido sea más útil y también más dinámico.

Grupo de personas de diferentes edades trabajando en equipo para plantar un árbol en el campo, aportando una visión real y tangible de la sostenibilidad.
El factor humano es clave: mostrar al equipo en plena acción ayuda a aterrizar la estrategia y hace que el impacto sea mucho más real y tangible.

2. Narrativa y contextualización: dar sentido al dato

Otro aspecto clave es no dejar los datos solos. Una cifra aislada puede ser correcta, pero no siempre dice mucho por sí misma. Para que tenga verdadero valor, necesita contexto:

  • ¿Por qué es relevante este dato?
  • ¿Qué ha cambiado respecto a antes?
  • ¿Qué lo ha hecho posible?

En lugar de decir: “El 65% de los residuos se reciclan.”

Una comunicación más completa sería: “El 65% de los residuos generados en producción se reciclan, frente al 48% en 2022. Este avance se ha logrado tras implantar un nuevo sistema de separación en planta y acuerdos con gestores especializados.” Ahí el dato deja de ser un número aislado y pasa a formar parte de una historia de mejora.

3. Estructuras claras: ordenar para entender

La estructura también importa mucho. Los informes de sostenibilidad manejan un gran volumen de contenidos distintos: medioambiente, impacto social, gobernanza, cadena de suministro, talento, etc.

En casos como este, cuando hay demasiada información, ordenar bien el contenido marca la diferencia entre un texto que se entiende y otro que se abandona. Por eso es clave organizar la información en bloques que permitan una lectura rápida y lógica.

Una buena secuencia suele responder a esta lógica:

  • Qué hemos hecho (acción)
  • Qué impacto ha tenido (resultado medible)
  • Qué haremos a continuación (siguientes pasos u objetivos)

4. Ejemplos visibles: concretar lo abstracto

Lo mismo ocurre con los casos concretos. Hablar en términos generales de sostenibilidad puede resultar demasiado abstracto, mientras que un ejemplo bien contado aterriza la estrategia y la hace más tangible. Si además se muestra al equipo implicado, el mensaje gana cercanía sin necesidad de forzar un tono emocional.

En lugar de decir: “Impulsamos la reducción de residuos en nuestras operaciones.”

Se puede mostrar un caso concreto: “En la planta de Valencia, el equipo de producción rediseñó el embalaje de uno de nuestros productos principales. Esto permitió reducir un 30% el uso de plástico por unidad y eliminar completamente un componente no reciclable.”

Incluir una imagen del equipo trabajando en el proyecto contribuye a hacerlo mucho más real y tangible, introduciendo un elemento importante: las personas detrás del cambio, lo que facilita la conexión sin necesidad de recurrir a un tono emocional forzado.

Conclusión: la concreción como nuevo estándar

La sostenibilidad ya no se comunica desde la intención, sino desde la evidencia. Las marcas y organizaciones que mejor lo hacen son las que mejor explican lo que hacen y el impacto que generan, convirtiendo los datos y resultados en un relato fácil de leer y entender.

Nuestros equipos especializados de nuestro estudio CREA convierten información compleja en contenidos claros y visualmente atractivos.  

¿Te ayudamos con tus informes de sostenibilidad?

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